La ventana: La voces olvidadas del Holocausto
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    La voces olvidadas del Holocausto


    I
    (En un día como cualquier otro)

    Otra vez, en mi cabeza esa triste melodía.
    Cierro los ojos y me engancho a su sonido.
    Abro mi mente, también mi olvido
    y toco con mis dedos cada una de las notas
    desperdigadas alrededor de mi piel,
    que hoy juega a ser partitura.

    II
    (En la piel de otra persona, otro pasado)

    Otra vez, en mi cabeza esa triste melodía.
    Y en el concierto más íntimo que pudiera
    alcanzar el ser humano consigo mismo,
    me descubro como soy, a través de su sonido.
    Mas si toco para mí, para mí estoy rendido
    al sonido del triste arpegio que me invade.
    Parecióme que me invita a llorar.

    Otra vez vuelve a sonar el violonchelo.
    Y a su grave soniquete se le han unido
    mis lágrimas, tan agudas que al caer
    tintinaron su armonía en mis rodillas.
    Me percato que hoy es tiempo de llover,
    y de un frío que me hizo tiritar.

    La tristeza que, por la canción, me invade
    no la puedo soportar. Abro mis ojos...
    Ni soy yo, ni es el mundo que dejé
    este mundo que me encuentro.

    III
    (En el campo de concentración)

    Veo las caras cual sacadas del ayer,
    y sin quererlo me hallo en el pozo
    donde hurgase la miseria su nariz.
    Famélicas formas me tienden una mano
    y me dedican la sonrisa más preciada
    que guardaban por si el día era feliz.
    Mas de gris hoy se tiñe la mañana.

    Unos rezan, otros lloran con trabajo
    pues ni lágrimas le quedan por llorar.
    Otros tocan el sonido de su llanto
    con las cuerdas del recuerdo,
    entonando esa triste y sonora melodía
    que se metió en mi cabeza y no me quiere dejar.

    IV
    (Se abre una puerta)

    Veo la luz absorbida en sus cabellos
    e irradiada en sus pupilas la locura.
    En el brillo de sus ojos vi mi muerte,
    y en la fuerza de sus manos vi el dolor.

    Dos disparos que cortaron al ambiente
    y una bala se encalló en mi corazón,
    disparada por la ira de su raza y de su ego.

    En mi boca esa agria sensación
    me recuerda que ya es tiempo de dormir.
    De repente desprendí un rancio olor
    a perfume de un destino que se apaga.
    Y viviendo todavía de una forma sobrehumana
    lo inhalé, hasta que intoxicó mi razón.

    (Desperté)

    Desde entonces esta triste melodía
    se apagó, ya no quiere más sonar.



    4 reacciones:

      Pablo Palma J.

    31 de diciembre de 2008, 1:11

    Hola! Muy buenos textos...

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      mi_pequeño_rincon

    7 de enero de 2009, 18:07

    Gracias por el comentario de mi blog, la verdad es que me encanta la poesía pero aún empecé a escribir ahora, quizás por miedo a escribir no lo hice antes...Tengo escrito pequeños cuentos cuando estudiaba para los concursos del colegio donde lo gané 5 años, jiji, pero nunca poesía.

    Y encontré tu blog por casualidad y fue lo que me inspiró a hacer el mio. Me encatá como escribes, de verdad, tienes poesias increibles. Hazle un favor al mundo y nunca dejes de escribir....

      mi_pequeño_rincon

    7 de enero de 2009, 18:46

    Por cierto, me encanta lo de la música y me gustaría poder ponerlo en el mío, estube mirando los gadget que se pueden añadir pero no lo encontré. Si no te importa decirme como hicistes...gracias y perdona por las molestias.

      Raúl

    8 de enero de 2009, 0:59

    Agradecerte tu vista, tus palabras en mi blog, y la textura de tus poemas.